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Carboxiterapia

La carboxiterapia es un tratamiento cosmético que se ha hecho muy popular a lo largo de los años, debido a sus excelentes resultados sin necesidad de acudir a intervenciones quirúrgicas.

En líneas generales, la carboxiterapia se trata de la aplicación subcutánea de CO2 (dióxido de carbono) para fines específicamente terapéuticos.

¿Cómo surge la carboxiterapia?

Ya en la Edad Media se tenía cierto conocimiento acerca de la eficacia de la utilización del dióxido de carbono para fines terapéuticos y curativos. Sin embargo, los verdaderos datos científicos que demuestran la eficacia de este método en lo relativo a la salud datan de una época muy posterior, en el siglo XVIII.

A partir de aquel entonces, se comenzaron a dar importantes estudios e investigaciones, que apuntaban a analizar las diversas técnicas a partir de las cuales el dióxido de carbono podía ser utilizado con fines curativos o terapéuticos. Siguiendo con esta línea, fue hacia mediados del siglo XX que el dióxido de carbono comenzó a ser utilizado a través de inyecciones subcutáneas, dando lugar a la carboxiterapia.

Procedimiento de la carboxiterapia

El procedimiento mediante el cual se llevan a cabo los tratamientos de carboxiterapia, consisten en aplicar una serie de microinyecciones localizadas de dióxido de carbono, utilizando un equipo que ha sido programado especialmente para este fin. Este equipo, funciona controlando específicamente la velocidad del flujo de gas – el cual se encuentra contenido dentro de un tanque especializado -, como así también la dosis de dióxido de carbono a administrar al paciente y el tiempo que dura cada inyección.

En la carboxiterapia, la introducción del dióxido de carbono se lleva a cabo por vía subcutánea, a través de una muy fina aguja. Esta aguja recibe el dióxido de carbono mediante un conducto flexible instalado en el equipo. El gas utilizado para la carboxiterapia es un gas anaeróbico, medicinal, que debe mantener una pureza no inferior al 99,9%.

Por lo general, una sesión de carboxiterapia tiene una duración que oscila entre los treinta y los sesenta minutos. Claro está que la duración de cada sesión dependerá de cuál sea la zona del cuerpo a tratar y si se trata más de una zona en una misma sesión.

Posibles aplicaciones

A lo largo de los últimos años, se han descubierto cada vez más aplicaciones de la carboxiterapia en materia de salud. Generalmente, este tipo de terapia se aplica para las siguientes problemáticas:

  • Celulitis
  • Envejecimiento prematuro de la piel
  • Flacidez
  • Exceso de grasa corporal en el cuerpo
  • Várices
  • Cicatrices
  • Estrías
  • Obesidad localizada
  • Fibrosis post – quirúrgica
  • Circulación periférica
  • Psoriasis

Asimismo, la carboxiterapia es un método muy utilizado mientras se lleva a cabo la recuperación del cuerpo luego de haberse efectuado una cirugía estética.

Efectos de la carboxiterapia

Cuando se lleva a cabo un procedimiento de carboxiterapia, uno de los principales efectos que deviene de la introducción subcutánea de dióxido de carbono es una hiperdistensión que tiene lugar en el tejido subcutáneo. Dicha hiperdistensión puede observarse mediante un enfisema subcutáneo que tiende a propagarse mínimamente alrededor del área en que fue colocada la inyección. Asimismo, es posible la aparición de un eritema, que tiende a generarse junto con una sensación de calor en aumento en la zona.

El motivo por el que tienen lugar los efectos mencionados con anterioridad – y que resultan inmediatamente perceptibles para el paciente que está llevando a cabo la carboxiterapia – es la acción vascular del dióxido de carbono. Es esta acción vascular la que hace que el organismo libere una serie de sustancias (como la serotonina, la histamina, la bradiquina, entre otras). Esas sustancias liberadas por el organismo durante el procedimiento son las que producen una activación en los receptores beta – adrenérgicos, que son los que generan un estímulo en la lipolisis de los tejidos.

Al mismo tiempo, cuando, durante la carboxiterapia, se lleva a cabo una inyección subcutánea de dióxido de carbono, el organismo tiende a sentir un desequilibrio en lo que respecta a la oxigenación local.

Debido a lo mencionado con anterioridad, la oxihemoglobina funciona aumentando fuertemente el suministro localizado de oxígeno, lo cual acaba funcionando con una suerte de efecto vasodilatador, aumentando también la oxigenación de los tejidos. Al mismo tiempo, la hemoglobina absorbe el dióxido de carbono que ingresa en el organismo del paciente, cediendo oxígeno a los tejidos y favoreciendo, aún más, el proceso de oxigenación. Todos los procesos mencionados anteriormente en nuestro organismo tienen una importante repercusión, logrando un significativo aumento en el flujo de sangre y en la apertura de capilares que tienden a permanecer cerrados.

Los efectos mencionados con anterioridad no son los únicos que proporciona un tratamiento de carboxiterapia. Por su parte, esta terapia mejora significativamente el tono de la piel del paciente. Esto tiene que ver con que las toxinas que son desligadas a lo largo del procedimiento, acaban siendo eliminadas mediante el sistema linfático.

Debido a que el dióxido de carbono inyectado en el cuerpo tiende a mantenerse en éste durante unas 24 horas aproximadamente, se recomienda siempre alternar las sesiones de carboxiterapia en al menos dos o tres veces a la semana. Esto tiene que ver, fundamentalmente, con que se requiere de un cierto tiempo entre una sesión y otra para que el organismo recupere su equilibrio natural.

¿Tiene contraindicaciones?

En la actualidad, los efectos secundarios observados como consecuencia de la carboxiterapia son mínimos. Algunos de los efectos perniciosos que pueden llegar a aparecer incluyen algún leve dolor o ardor y la aparición de algún hematoma temporal.

Por lo general, la carboxiterapia es una terapia que se recomienda para pacientes que cuentan con un estado de salud óptimo. Son pocos los casos a los que se recomienda no utilizar este tipo de terapia. Algunos de ellos son:

  • Pacientes que padecen de algún tipo de insuficiencia renal, cardíaca, respiratoria o hepática
  • Mujeres embarazadas o que se encuentren transitando el período de lactancia
  • Pacientes diabéticos
  • Pacientes epilépticos
  • Pacientes que cuentan con algún tipo de cáncer
  • Pacientes asmáticos o con trastornos del sistema circulatorio

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