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¿De qué manera la vida cotidiana afecta a nuestra piel?

Muchas veces, destinamos gran parte de nuestro  tiempo al cuidado de nuestra piel, pero sin obtener los resultados que estamos esperando. Esto tiene que ver, fundamentalmente, con que ha una serie de elementos de nuestra vida diaria que afectan sustancialmente la salud y la belleza de nuestro órgano más grande, que es la piel.

Pensemos en la piel como la barrera que se encarga de protegernos en nuestra totalidad frente a los factores exógenos del ambiente. Por eso, cuidarla no es solamente una cuestión estética, sino que refiere también a una cuestión de salud y de vitalidad, para sentirnos sanos y bien.

Vamos ahora a contarte acerca de los diferentes componentes de la vida cotidiana que afectan necesariamente a nuestra piel y las diferentes maneras en que podemos accionar para contrarrestarlos.

Proteger la piel de los problemas de la vida cotidiana

Muchas son las consecuencias que las características del entorno y de nuestra vida cotidiana pueden llegar a traer sobre nuestra piel. Uno de los más frecuentes es lo que tiene que ver con un fuerte envejecimiento prematuro de la misma. Claro está que nadie quiere envejecer antes de tiempo y mucho menos por elementos que, a simple vista, pudieran parecer imposibles de evitar o de controlar.

Es cierto que las personas, en general, buscan tener una piel que se destaque por ser muy hermosa y muy suave. Sin embargo, la cuestión estética no es la primaria de la misma. De todas maneras, sea que se vea al problema desde una perspectiva estética o desde una perspectiva de la salud, es muy importante conocer cuáles son los elementos y los factores que la afectan y la manera en que se puede accionar para lograr contrarrestarlos lo más posible.

Antes de pasar a conocer estos factores, debemos considerar que no todos son del ambiente y que, en ocasiones, esto puede tener que ver con problemas endógenos, tanto genéticos como de salud. De todas maneras, los factores del ambiente también ejercen fuertes influencias sobre ella. Veamos algunos de estos elementos.

La genética

Este es uno de los primeros factores que debemos mencionar. Lo mismo, tiene que ver con que es de los más difíciles de controlar, ya que vienen a nosotros incorporados en nuestra composición genética.

En muchas ocasiones, la predisposición genética puede ser altamente perjudicial para la salud y para la belleza de la piel. Por eso, si se sabe que se padece de estos tipos de problemas, es importante consultar a un especialista que pueda aclararnos cuáles son y la forma de cuidar la piel para evitarlos.

El nivel hormonal

Especialmente en el caso de las mujeres, los cambios hormonales resultan de lo más frecuentes. Sin embargo, la mayor parte de los mismo tienden a traer consigo importantes efectos en la salud y en el aspecto de la piel. Entre estos cambios, podemos encontrar algunos tales como el acné, la hiperpigmentación, la artrofia de la piel, entre otros.

La radiación UV

Cada año que pasa sentimos que el Sol está más fuerte que en el año anterior. La exposición a los rayos UV del Sol tiende a causar problemas como la reproducción de los radicales libres. Estos, son moléculas agresivas que provocan daños de índole oxidativa en tejidos del cuerpo, dando lugar a importantes daños celulares.

Una de las mejores maneras de prevenir los daños provocados por la exposición al Sol es utilizar protectores de factor alto en todo momento del día. Incluso cuando estamos dentro de un espacio techado pero ingresa luz por las ventanas o cuando el cielo está nublado, debemos colocarnos protector, ya que los rayos UV pueden alcanzarnos de todas maneras.

La temperatura

Así como las temperaturas bruscas son altamente perjudiciales para nuestra salud en los distintos aspectos, podemos mencionar con seguridad que la piel no se encuentra exenta de sus efectos. Ante los fríos extremos, la piel provoca determinadas reacciones, comprimiendo los vasos sanguíneos para que el resto del cuerpo pueda encontrarse correctamente protegido frente a la notoria pérdida de calor en cortos plazos de tiempo. Al mismo tiempo, las temperaturas que se caracterizan por ser muy frías y durante extensos plazos de tiempo, lo que hacen es reducir considerablemente la secreción de las glándulas sebáceas, provocando que la piel se reseque considerablemente.

Por el contrario, en los casos en los que la piel se encuentra expuesta de manera prolongada a condiciones de temperatura de calor y humedad, el efecto producido tiene que ver con que las glándulas sudoríparas generen más sudor del que es habitual o del que el cuerpo puede llegar a necesitar en la cotidianeidad, generando que la piel se sienta y se vea mucho más húmeda y brillosa de lo que es lo habitual, sintiéndose más grasa y pudiendo generarse también acné.

La utilización frecuente de productos agresivos

En estado natural y sano, nuestra piel es levemente ácida por naturaleza. Esta, tiende a contar con un ph que oscila entre 4,7 y 5,75. En este sentido, la utilización frecuente de limpiadores que son agresivos provocan una sobrecarga en la capacidad neutralizante con que cuenta nuestra piel, generando importantes daños en la estructura celular, como así también alterando la función de barrera con que cuentan las capas más superficiales de la epidermis y que son las que protegen al resto de nuestro cuerpo de los factores perniciosos exógenos.

Si bien podemos decir que su uso en exceso nos afecta necesariamente a todos en las condiciones naturales de nuestra piel, los productos químicos ejercen una influencia mucho mayor en los niños, en los ancianos y en quienes se exponen con alta frecuencia a los mismos debido a motivos de trabajo u otros.

La nutrición

Hemos hablado ya en otra ocasión acerca de la influencia marcada que la nutrición tiene sobre la salud y sobre la belleza de nuestra piel.

Una de las mejores maneras de combatir los efectos negativos del ambiente y de un estilo de vida perjudicial es mantener una alimentación completa y variada.

En este sentido, una buena alimentación para la piel debe incluir: vitamina C, proteínas magras, frutas, verduras y cereales integrales, alimentos ricos en antioxidantes, entre otros.

El estilo de vida

Finalmente, las actitudes que tomemos y las costumbres que adquiramos en nuestro estilo de vida van a ser claramente definitorias en la salud y en la belleza de nuestra piel. En dicho sentido podemos destacar como elementos perjudiciales un mal control del estrés, la falta de sueño, un estilo de vida sedentario, el fumar en exceso, el exceso de las bebidas alcohólicas, una alimentación con alto contenido graso, la falta de ejercicio, entre otros tantos factores negativos para la piel.

 

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